La eficacia de EMDR: más allá de la curación de los recuerdos traumáticos

El punto de partida

Cuando Juan José acudió por primera vez a consulta con 27 años, se sentía ansioso la mayor parte del tiempo y reconocía tener dificultades para establecer relaciones saludables estables. Contaba, con cierta vergüenza, que sólo si se toma un par de copas, era capaz de sentirse más tranquilo y se atrevía a intimar. Con su grupo de amigos no llegaba a conectar del todo, sentía que no era aceptado plenamente y le costaba confiar en ellos, a pesar del tiempo pasado desde que los conocía. Su novia le dejó después de una gran discusión. Él la dio un fuerte bofetón porque discrepó sobre la elección de un restaurante cuando salieron a comer la última vez. Todas estas circunstancias hicieron que Juanjo se decidiese a acudir a consulta, a pesar de sus dudas y desconfianza en los psicólogos, para intentar la curación de los recuerdos traumáticos.

Una forma integral de psicoterapia

Estoy acostumbrado a ver las graves consecuencias que puede sufrir una persona por un maltrato prolongado y acumulado y a tratar de mitigar las importantes secuelas que puede dejar una educación abusiva y negligente en la vida de algunas personas. Afortunadamente muchos psicólogos hoy en día conocemos, nos hemos formado y manejamos uno de los abordajes psicoterapéuticos más novedosos y eficaces para el tratamiento del trauma: EMDR. Ahora, bien establecido y reconocido internacionalmente, se ha convertido en una forma integral de psicoterapia.

Recordaba Juanjo, al comenzar las sesiones, que cuando tenía seis años se encontraba aterrorizado por su padre; cada vez que le miraba no sabía si le caería otro golpe u otro bofetón. Podía resultar que estuviese jugando y sin querer tirase algún objeto o hiciera algún ruido que resultase molesto a su progenitor. De inmediato era requerido para situarse delante de él para recibir lo que le correspondía: “Juanjo, ven aquí ahora mismo”, y ya sabía que era merecedor de un par de bofetones o unos cuantos correazos. Podía encontrase jugando con su hermana en la habitación y, a la menor expresión de queja por parte de ella, llegaba una reprimenda que podía terminar en bofetón o no.

El entorno abusivo y la personalidad

Se estaba educando en un mundo de referencia amenazador que le estaba predisponiendo a una forma de vincularse utilitaria: de esta forma se protegería de la frustración y vulnerabilidad que podría sentir ante algún tipo de ruptura. Uno de los detalles sorprendentes de estas situaciones que vivía Juanjo es que no tenía un recuerdo claro del dolor que sufría. Un aparte de la energía que tenía la destinaba a resistir el dolor: imaginaba que estaba en otro lugar, pensaba en otra cosa, intentando que el castigo acabara pronto.

Lo que más le dolía no eran los golpes y las palizas, era el hecho de recibirlas de su padre y que su madre lo consintiera todo.

“Pero, ¿yo qué hecho? no es para tanto, todo esto es injusto” …y la indiferencia de su madre y de otros familiares que no hacían nada para cambiar la situación encerraban a Juanjo cada vez más en una sensación de injusticia e impotencia. Todo esto en una edad en la que aún su personalidad estaba inmadura: la persona más cercana que debería protegerle y cuidarle le estaba poniendo en peligro.

Síndrome de trauma crónico

Al aplicar el protocolo estándar de terapia EMDR, seguimos los pasos relativos a las ocho fases de la terapia: accedimos a los recuerdos perturbadores poniendo en marcha su sistema de procesamiento de la información.

El hecho de haber sufrido abusos físicos en su hogar acabo destrozando la confianza en sí mismo y en sus propias percepciones: de aquellas situaciones vividas en su infancia surgieron un sentido crónico de culpabilidad y vergüenza. Surgió una dificultad para confiar en otras personas e intimar; creía que jamás encontraría a nadie que le comprendiera. Así fue desarrollando una gran desesperanza acerca de los demás y de su futuro.

Poco a poco, durante las sesiones, al trabajar en la curación de los recuerdos traumáticos, se fueron transformando y almacenando por medio de un proceso de consolidación en redes de memoria ya existentes. De esta forma se fue produciendo el cambio terapéutico, a través del procesamiento de dichos recuerdos dentro de redes adaptativas más amplias. (Solomon & Shapiro, 2008)

Juan José había desarrollado lo que Judith Herman (Herman, 2004, p. 144) denomina Síndrome de trauma crónico, por el que:

Las personas que han estado sometidas a un trauma prolongado y repetido desarrollan una forma de desorden de estrés postraumático progresiva e insidiosa que invade y erosiona la personalidad. Mientras que la víctima de un único y agudo trauma puede sentir que, después del acontecimiento, no es “ella misma”, la víctima de un trauma crónico puede sentir que ha cambiado irrevocablemente, o puede perder para siempre la sensación de su propio yo.

Curación y transformación

En esta historia podemos percibir el maltrato continuado de nuestro protagonista en un contexto de crianza de miedo y desprotección. Todo ello le hizo sentir impotencia, dolor y le generó un sentimiento de culpa. Este estilo de crianza altamente incompetente y patológico que estaba recibiendo Juanjo, unido a un ambiente violento del que no podía escapar, le estaba modelando como a una persona de carácter caótico en sus relaciones.

A medida que se fue completando el procesamiento de los recuerdos, Juanjo dejó de tener tanto miedo a entablar relaciones saludables. Pudo dejar de beber alcohol para sentirse más tranquilo ya que no lo necesitaba y empezó a atreverse a intimar.

La terapia funcionó, como otras terapias con EMDR de igual forma en la aplicación del protocolo. Funcionó de forma diferente y única al permitir que Juanjo y yo encontrásemos un camino juntos: él necesitaba ayuda con el problema que le trajo a consulta y yo quería guiarle en la solución de su problema. En este sentido fue una terapia que trascendió la experiencia del paciente y el terapeuta.

Referencias:

Herman, J. (2004). Trauma y Recuperación. Madrid: Espasa Calpe.

Solomon, R. M., & Shapiro, F. (2008). EMDR and the Adaptive Information Processing Model: Potential Mechanisms of Change. Journal of EMDR Practice and Research, 2(4): 315–325