El papel del psicólogo en las enfermedades reumatológicas y musculoesqueléticas.

Milena Gobbo Montoya

“Yo he sido cocinero antes que fraile”.

En mi casa tiran de refranero para todo, y a mí me viene a la cabeza este refrán siempre que me preguntan cómo acabé trabajando con este tipo de enfermedades.

Mi vida profesional ha ido pasando de la práctica clínica a la investigación y de la investigación a la práctica clínica sucesivamente a lo largo de los años. En ambos sitios he sido feliz. Y he aplicado lo que sabía de uno de estos mundos para enriquecer el otro y viceversa.

Lo mismo me ha ocurrido con la reumatología y la psicología, mis dos actuales pasiones.

¿Cómo he llegado a vivir entre el reúma y la psicología?

Como desde siempre he estado interesada en el dolor crónico, mis distintos empleos me han ido poco a poco llevando a conocer profundamente enfermedades que cursan con dolor. Así, mi viaje por el mundo laboral me llevó a trabajar en la Unidad de Investigación de la Sociedad Española de Reumatología. Mientras estaba allí, investigando en distintos aspectos de estas enfermedades, aprendí a conocerlas bien. Cuanto más sabía, más plenamente consciente era de lo importante que puede ser una intervención psicológica en estos pacientes. Porque soy «psicóloga antes que fraile», y me quedaba claro que, por muy maravillosos que sean los tratamientos farmacológicos actuales, que lo son, muchos de estos pacientes necesitan, además, un apoyo psicológico.

¿Por qué un psicólogo en reumatología?

Estrés y sistema inmune

Para empezar, porque un gran numero de las enfermedades reumáticas se producen por alteraciones del sistema inmune. Y los vínculos entre altos niveles de estrés y este tipo de alteraciones del sistema inmune son bien conocidos (1).

Por eso, ya desde su inicio, es altamente probable que los primeros síntomas de una enfermedad reumática coincidan con un momento vital amocionalmente estresante. Momento en el que las personas se verían muy beneficiadas de una intervención psicológica que les ayudaría a gestionar su estrés, evitando una rápida progresión de la enfermedad reumática.

Dolor, discapacidad y depresión

Pero, además, una vez que la enfermedad ya se ha manifestado, el papel del psicólogo sigue siendo importante. La mayoría de las enfermedades reumatológicas están asociadas a lo que yo llamo «Las 3D mentirosas en enfermedades reumáticas: Dolor, Discapacidad y Depresión». Estas 3D están íntimamente relacionadas entre sí y se retroalimentan si no se realiza una intervención adecuada. También existen vínculos con características de personalidad del paciente, como catastrofismo o neuroticismo, que contribuyen a mantener círculos viciosos negativos. Desmontar mitos respecto a estas 3D, y combatirlas para que no impacten negativamente en la vida de los pacientes, es algo que los psicólogos podemos hacer muy bien.

  • Dolor

Los estudios demuestran que, pese a que los pacientes estén siendo tratados en los servicios de reumatología, el dolor no controlado (el que impacta en la vida del paciente impidiéndole realizar su actividad normal) está presente en aproximadamente el 40% de los pacientes (2). Trabajar con el dolor desde un punto de vista psicológico, con las técnicas disponibles para ello, es imprescindible para mejorar la calidad de vida de los pacientes. También servirá para prevenir en unos casos, o tratar en otros, la sensibilización central

  • Discapacidad

Lo mismo puede decirse del impacto que produce en la calidad de vida la discapacidad asociada a las enfermedades musculoesqueléticas. A nivel físico este impacto es muy alto, pero a nivel mental es también elevado y sólo superado por las enfermedades neurológicas, las ortopédicas, las pulmonares y las malformaciones congénitas, como puede verse en estos gráficos tomados de la Estrategia Nacional de Enfermedades Reumáticas y Musculoesqueléticas. Trabajar sobre la discapacidad, es también una labor que los psicólogos sabemos hacer muy bien.

  • Depresión

Con semejante panorama (dolor y discapacidad de por medio), no nos puede sorprender que la depresión esté presente en los pacientes reumáticos con mayor frecuencia que en la población general, aunque resulte difícil aportar una cifra exacta de su prevalencia, ya que oscila enormemente en función de los diferentes estudios, las distintas enfermedades reumáticas (no olvidemos que hay más de 200), y los instrumentos de medida de la depresión utilizados (3). Asumo que no es necesario señalar que el trabajo del psicólogo es fundamental en los procesos depresivos.

¿Hay que tratar psicológicamente a todos los pacientes reumáticos?

No, no todos necesitan ir al psicólogo, al igual que no todos los que viven un momento traumático padecen estrés postraumático, ni todos los que pierden a un ser querido tienen un duelo complicado. Durante la época en que trabajaba en la Sociedad Española de Reumatología, varios psicólogos y reumatólogos elaborarone unos criterios de derivación al psicólogo de estos pacientes, que comparto con todos vosotros.

¿Cómo trabaja el psicólogo con estos pacientes?

El modo en que se aborda cada uno de los pacientes puede ser diferente, aunque hay aspectos que sistemáticamente deben ser tenidos en cuenta, siendo muy importante la psicoeducación en relación a la enfermedad, los tratamientos y el dolor. A partir de ahí, y en función de los problemas más importantes que presente cada uno, su personalidad, y el impacto de la enfermedad en su vida, el abordaje debe ser el mismo que realizamos habitualmente, pero comprendiendo los matices propios de estas enfermedades, como ocurre con la psicooncología. 

Si queréis saber más, espero poder contaros más cosas sobre distintas enfermedades reumáticas, y lo que los psicólogos podemos hacer para mejorar su pronóstico y evolución en futuras entradas. Porque, ¿quién no tiene reúma o conoce a alguien que lo tenga? No os fiéis, que es una pegunta trampa. «El reúma, no existe», como explica mi amiga Loreto Carmona en esta charla TED.

El reuma no existe
  1. Capellino S, Straub RH. Neuroendocrine immune pathways in chronic arthritis. Best Pract Res Clin Rheumatol. 2008;22(2):285-97. Sturgeon JA, Finan PH, Zautra AJ. Affective disturbance in rheumatoid arthritis: psychological and disease-related pathways. Nat Rev Rheumatol. 2016;12(9):532-42.)
  2. Plana Veret C SMD, Gobbo Montoya M, Vidal Fuentes J. Evaluacion del dolor en Reumatología. Estudio EVADOR. 2017)
  3. Sambamoorthi U, Shah D, Zhao X. Healthcare burden of depression in adults with arthritis. Expert Rev Pharmacoecon Outcomes Res. 2017;17(1):53-65.)