El Optimismo, recurso psicológico protector del sufrimiento

Una de las aportaciones más relevantes de la psicología positiva es el estudio del optimismo como rasgo de personalidad asociado a un mayor bienestar y que parece tener un importante papel en la salud física de los individuos, (Avia &Vázquez, 1998). En este post haré una breve revisión teórica que nos aleje de una visión simplista y ñoña del optimismo y afiance su valor como factor protector del sufrimiento. Además propondré unos ejercicios para desarrollarlo.

Entendemos el optimismo un recurso psicológico, esto es, como un factor de protección psicológica que se asocia positivamente con la salud y el bienestar y que, a su vez, permite aumentar la resistencia a la adversidad, pues facilita una adecuada evaluación y afrontamiento de los cambios o dificultades de los sucesos vitales ocurridos en la vida (Remor, Amorós y Carrobles, 2006: 37). Existen multitud de investigaciones que han demostrado su eficacia como factor de protección. Según Sánchez y Jiménez (2009), el optimismo se asocia a índices más bajos de enfermedad, de depresión y de suicidio. También a niveles más elevados de rendimiento académico y deportivo, adaptación profesional y calidad de vida familiar (Gillham, 2000; Seligman, 1998; Seligman, Reivich, Jaycox, y Gillham, 2005). Además se considera un factor protector del consumo de sustancias en situaciones estresantes (Torres Jiménez, Robert, Tejero, Boget y Pérez de los Cobos, 2006).

Ocho apellidos para el Optimismo y dos Modelos Teóricos.

Realista, Aprendido, Inteligente, Pragmático, Disposicional, Transformador, Participante, Activo

El estudio del optimismo como recurso psicológico surge de la reformulación de la teoría de la indefensión aprendida de Abramson, Seligman y Teasdale (1978) como una forma de explicar las respuestas de afrontamiento a los eventos negativos que les suceden a las personas en sus vidas.

Estos experimentos demostraron por primera vez que no es el sufrimiento lo que lleva a la desesperanza sino el sufrimiento que creemos no poder controlar. Angela Duckworth (2016)

Desde entonces se ha escrito mucho sobre el optimismo con distintos «apellidos» y con gran acierto, que ayudan a empoderarlo, pero son los modelos teóricos explicativos los que nos descubren su valor.

  1. El optimismo disposicional (OD). Se define como una característica disposicional de la personalidad que media entre los acontecimientos externos y la interpretación personal de los mismos (Scheier y Carver, 1985). Estos autores proponen un modelo de auto-regulación según el cual, un individuo persiste en conseguir un resultado si éste es percibido como alcanzable de manera que el optimismo se relaciona de forma directa con las expectativas de una persona hacia su futuro. Un ejemplo de investigación científica centrada en el optimismo disposicional es un trabajo de Eliseo Chico Librán (2002) que se puede consultar en el enlace www.psicothema.com/psicothema.asp?id=763
  2. El estilo explicativo. El Estilo Explicativo Pesimista (EEP) se define como la tendencia a explicar los sucesos negativos ocurridos en la vida cotidiana, con una causa interna a uno mismo, estable en el tiempo y con un efecto global a todos los ámbitos de la vida de la persona. El Estilo Explicativo Optimista (EEO) se refiere a la tendencia a explicar los sucesos negativos con una causa externa a uno mismo, inestable en el tiempo y específico de ese ámbito concreto que afecta. (Peterson y Seligman (1984). Si te interesa conocer algo más sobre tu estilo explicativo puedes cumplimentar el cuestionario de optimismo del centro virtual de psicología positiva en el siguiente enlace https://www.authentichappiness.sas.upenn.edu/es/testcenter

En ambos modelos se asumen supuestos cognitivos de la personalidad y se plantea que el éxito con el que las personas se enfrentan a los cambios y a los problemas viene determinado por las estrategias conductuales y cognitivas que pone en marcha (Nurmi et al. 1996).

Se diferencian en que en el primero las creencias optimistas y pesimistas hacen referencia a expectativas futuras y en el segundo a atribuciones de acontecimientos pasados (Orejudo y Teruel, 2009).

 ¿Tiene contraindicaciones el Optimismo?

Parece que no siempre es adecuado utilizar un estilo explicativo optimista. Marujo, Neto y Perloiro (2003), lo desaconsejan en los siguientes casos:

  • Si nuestros objetivos son poco realistas o demasiado arriesgados.
  • Cuando aconsejamos a personas con expectativas desajustadas es preferible no utilizar una táctica optimista, al menos inicialmente.
  • Si pretendemos ser comprensivos con los problemas de otras personas, nunca empecemos por mostrarnos optimistas. Seámoslo una vez establecida la confianza y la empatía. Expresiones como “eso no es nada”, ”no exageres” producen el efecto contrario al deseado.
  • Si el otro se muestra excesivamente rígido frente al cambio provocaría que la persona confirmara que el cambio no es posible o que no resultaría efectivo.

 Ejercicios de Optimismo fáciles de gran impacto

Os animo a practicar tres dinámicas muy sencillas de utilizar en cualquier entorno personal o profesional

  1. Evalúa a lo largo del día tu postura y corrígela para transmitir optimismo corporal. Sonríe con frecuencia, levanta barbilla y cabeza, línea corporal derecha y vertical, tono de voz entusiasta y decidido y mirada sin miedo ni vergüenza. Marujo, Neto y Perloiro (2003)
  1. Regla 10-10-10. Cada vez que te encuentres ante un problema de difícil solución o tengas que tomar una decisión importante hazte estas tres preguntas: ¿cuáles serán las consecuencias dentro de 10 minutos? ¿y dentro de 10 meses? ¿y en 10 años?.  Tomar distancia visualizando nos alienta a la búsqueda de nuevas alternativas y a no desfallecer frente a la adversidad. Suzy Welch (2009).
  1. Elabora una lista de todas las cosas malas que te han ocurrido. A continuación encuentra al menos dos implicaciones/sucesos/consecuencias positivas por cada una de ellas. Tayyab Rashid & Afroze Anjum (2005)

Conclusión, promover el Optimismo es rentable

“Tanto se crees que puedes como si no, en ambos casos estás en lo cierto” Henry Ford

Todo apunta a que si perseveramos en encontrar la forma de mejorar nuestra situación es posible que la encontremos, y es igual de cierto que si nos rendimos nos aseguramos de no conseguirlo. Luego, en general, promover el optimismo es más rentable que no hacerlo. Y promovemos el optimismo cuando desarrollamos un estilo de pensamiento que anticipe que las cosas saldrán bien, unido a una actitud consciente de anticiparnos a las dificultades para poder afrontarlas y cuando nos marcamos objetivos vitales movilizadores. Entonces, es razonable pensar que el optimismo reduce los niveles de estrés y ansiedad, favorece el ajuste psicológico y es predictor de salud física, luego protege del sufrimiento. Para terminar os dejo un cuento muy conocido de Jorge Bucay que lo ilustra perfectamente.

https://youtu.be/mYDZZDjdwfo Las ranitas en la nata, Jorge Bucay (2003)

Referencias bibliográficas:

  • H.A. Marujo, L.M.Neto y Mª.F. Perloiro (2003). Pedagogía Del Optimismo. Narcea, S.A. de Ediciones
  • Martin Seligman (1998). Aprenda Optimismo: haga de la vida una experiencia maravillosa. Debolsillo
  • Maria Dolores Avia, Carmelo Vázquez (1998). Optimismo Inteligente: Psicología de las emociones positivas. Alianza Editorial.
  • Norma Ivonne González Arratia López Fuentes y José Luis Valdez Medina (2012). CIENCIA ergo sum, Vol. 19-3, noviembre 2012-febrero 2013. Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, México. P.p 207-214
  • Remor E, Amorós M & Carrobles, J.A. (2006). El optimismo y la experiencia de ira en relación con el malestar físico. Anales de Psicología, 22, (1), 37-44.
  • 340 Ways to Use VIA Character Strengths by Tayyab Rashid & Afroze Anjum. University of Pennsylvania © 2005, Tayyab Rashid
  • Suzy Welch. (2009) 10 minutos, 10 meses, 10 años: Una fórmula que transformará tu vida. Alienta