TRES ARTÍCULOS SOBRE LAS TÉCNICAS DE ESTUDIO

Un modo de automejora.

Por Diego Gutiérrez. Colegiado M-19003

«Imaginemos un taburete de tres patas. Sobre él, ha de subirse un niño para llegar a un tarro de galletas. ¿Qué pasa si una de esas tres cede? Que se interrumpe la conexión galleta- niño-galleta, y el niño no come galletas (aunque puede que reciba una muy fuerte)».

Es así como he empezado mis cursos de técnicas de estudio durante los últimos quince años.

Volvamos a la ecuación del niño, renombramos las variables: Cambiemos «niño» por estudiante, «galletas» por logro de objetivos académicos, «subir al taburete» por estrategias y las famosas «patas» por los tres pilares de las técnicas de estudio que son: tratamiento de la información, organización y autoconocimiento.

Si uno de esos tres pilares cede los resultados académicos y personales no se viven con la misma satisfacción. Por tanto pierden eficacia.

Hoy voy a comentar el tratamiento de la información. Este, que procesará después nuestro sistema cognitivo, ha de realizarse necesariamente siguiendo unas fases que yo asemejo a una lluvia fina que, poco a poco, nos cala (nos cambia).

La primera gota es previa, la llamamos prelectura de ampliación y se hace antes, incluso, de comenzar el curso. A mis aprendices les digo que pregunten (se activen) porque con esa activación se pone en marcha la motivación que inicia todo el proceso.

Lo siguiente es hacer una prelectura diaria o, dicho de otro modo un acercamiento al tema ojeando y preguntándose ¿qué se yo del tema?

Seguimos con una lectura comprensiva -si no comprendo no debo leer, ¿verdad?- del texto que vaya a trabajar. ¿Cuánto debo comprender? Fácil, todo.

Ahora vamos avanzando, llegamos al Tratamiento. Aquí dividimos el texto en unidades comprensibles. Marcadores, subrayado de ideas principales y secundarias, ejemplos…

Y una vez hecho lo anterior toca colocarlo, estructurar una síntesis que, a modo de espejo, estructurará nuestras neuronas.

Lo que sigue es memorizar, con una o una combinación de estrategias de memoria, repasar para fijarlo (Ver Así se aprende : Psicología aplicada del aprender-camino al éxito ) y, lo mejor para el final, hacernos autoexámenes a modo de role-play para combatir una serie de variables extrañas que nos ocurren ante la hoja que en su encabezado exhibe la palabra “examen”. Así evitaremos el temible olvido (Ver Sobre la memoria)

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Siete pasos como vemos que suponen solo una pata de un taburete.

En el siguiente artículo hablaré de cuando debe hacerse todo esto. Para saber más utiliza este enlace https://institutopascal.com/tecnicas-de-estudio/

En mi artículo anterior hablé los tres pilares que sujetan unas buenas estrategias de estudio.

Quiero aprovechar ahora para recordar que el estudio no puede desligarse quirúrgicamente del resto de actividades que llenan nuestro día a día. Que es, por tanto, y así debe seguir siendo, solo una parte de nuestra vida.

Tal y como a un nadador no se le puede negar el derecho de respirar mientras nada a un estudiante no se le puede negar el derecho de dormir y de tener un tiempo de ocio mientras cursa sus estudios.

El truco, en este caso, es organizarse bien el tiempo y llenarlo, cuando proceda, de actividades productivas.

La visión ha de alcanzar el largo plazo: el final de curso, incluso dentro de 5 años. Por eso hay preguntas fundamentales que en todos los departamentos de orientación se plantean: ¿qué quiero ser cuando acabe mis estudios?

En el medio plazo bajamos a un nivel un poco más cercano. Queremos aquí centrarnos en las metas volantes que son, como todos suponemos las evaluaciones. Para los jóvenes abarcan periodos trimestrales y para los universitarios cuatrimestrales. Ese tiempo debe tener una organización que, mes tras mes, debe alcanzar unos objetivos.

Finalmente jugamos a la corta. La planificación a corto plazo es la que toca el día a día, la que nos dice lo que toca estudiar esta semana. Si esta planificación se va cumpliendo es muy difícil suspender, aunque no imposible como veremos en el siguiente artículo en el que hablaré del autoconocimiento.

Para que todo esto funcione debemos agendarnos todos los acontecimientos que resten tiempo al estudio y aprender a no perder tiempo con detalles intrascendentes y conocer bien a un enemigo muy común de todo estudiante, la procrastinación.

El mantenimiento de la conducta de estudio durante el curso ha de sostenerse, necesariamente, con un sistema de reforzamiento positivo. Para ello debemos explorar nuestros gustos y aficiones y todo lo que nos motiva, ya que todo ello, es una poderosa arma mantenedora del conjunto de conductas que conocemos por estudiar.

Ese registro en papel siempre debe ser adaptable a posibles cambios. Por esto una agenda ha de ser flexible, con tiempo de reserva y planificada de antemano.

Del mismo modo que planifico el tiempo de estudio debo trasferir esa planificación a las actividades de ocio y descanso. El equilibrio en esto es fundamental. Debemos saber que la mayoría de los estudiantes no fracasan por déficits de inteligencia, diría que tampoco por déficits de atención si no por el simple hecho de que van al examen sin haber abierto el libro. Por eso les digo a los padres que si los libros huelen a nuevo en mayo no esperen que sus hijos aprueben.

Por acabar de un modo optimista. El tiempo que los estudiantes pasan su escolaridad es un tiempo maravilloso en el que no trabajan, suelen hacer todas esas actividades extrescolares que tanto nos gustaría hacer a los padres y, encima, tienen ropa, alojamiento y comida gratis. Se puede vivir muy bien siendo estudiante. Si opositas, casi lo mismo, solo que hay que organizarse un poco distinto.

Este tercer y último artículo hablará del autoconocimiento en relación al rendimiento académico.

La importancia que tiene este autoconocimiento trasciende, como sabemos, lo meramente académico. Atañe a nuestra propia esencia, atañe a como afrontamos, con qué recursos psicológicos, nuestras propias vidas.

Todo se basa, para el estudiante, en la buena gestión de sus energías. La buena combinación entre el gasto y el ahorro energético hace que este llegue en condiciones a la meta.

Desgraciadamente el sistema educativo, por más que nos quieran vender que es de evaluación continua, no es así en la práctica. Y el filtro de los exámenes marca, como una guillotina, un claro corte entre los que aprueban o no. Pero sobre el sistema educativo otros saben más que yo y me remito a ellos para mejorarlo.

Las modas también han parasitado esta parte del rendimiento académico. El mindfullness, las terapias positivas, la moda de los TDAH no parecen más que orillar el problema real. Esta sociedad está orientada hacia afuera, la imagen, no hacia dentro, que es nuestro propio ser y nuestro papel en sociedad.

No quiero desmerecer todos esos esfuerzos, pero si hacer ver que el objetivo del sistema educativo es formar a personas felices y libres. Y lo que veo es que parece que las personas se asimilan a enfermos a los que hay que tratar y no a semillas que hay que ayudar a crecer. O sea que lo que debemos hacer es facilitar que las personas cambien por sí mismas.

Dicho esto todo estudiante ha de saber cómo le afecta el medio físico (dormir, comer, ejercitarse, el lugar de estudio, las relaciones familiares y sociales, las relaciones con los profesores) en su rendimiento académico.

El sistema familiar juega un rol muy importante en esto.

Pero no solo esto, también hay otros factores motivacionales o de autoestima que afectan muy profundamente a ese rendimiento.

En la parte conductual he detectado, a lo largo de mi experiencia, que el propio sistema escolar genera ansiedad a distintos estímulos. Por nombrar uno, los exámenes. Por tanto cabe la pregunta: ¿es el propio sistema educativo un generador se inseguridades y sufrimiento humano? Ahí la dejo para que la conteste uno más listo que yo.

Muy poca gente me viene diciendo que le gusta estudiar, no parece eso estar de moda. Quizá, y solo quizá, la sociedad no está enfocada a superarse a sí misma, sino a consumir (se) a sí misma. Las motivaciones de los estudiantes van en el sentido monetario, en el prestigio, no tanto en la superación de problemas ni en la consecución de metas u objetivos comunes a toda la humanidad, ¿por qué será?

Si un alumno se ve capaz, útil y nota que tiene una vida plena no solo rendirá más y mejor sino que será más feliz.

Concluyendo esta serie de tres artículos, si los estudiantes no estudian por la nota, sino por ellos mismos transferirán ese modo de comportarse al resto de áreas de sus vidas y esto nos beneficiará a todos.